Tu
nombre disuelto
en
miradas venidas
para
decírtelo.
Sin
tantos ojos,
sin
tanta veneración,
no
habría herida.
*
Tu
abrazo mide tenernos.
Pero
no tus brazos.
No
tus manos.
Tu
aliento.
Tu
sola presencia.
Tu
sexo.
Ese
tramo de lluvia
y
este tramo de sol.
Hambriento
de mí
como
un lobo
eyaculás
tus flechas
de
hielo.
Soy
el último prisionero
de
la creación.
Último
en no nacer.
Mi
viento enfermo
otra
vez habitante
del
aire: pasos negros
por
el bosque.
Mi
voz
hace
espacio
al
ovillo
de
secreciones.
Cuando
tiro así
de
nosotros
nos
vuelvo a extrañar
recogiendo
frutos maduros
en
el jardín.
*
Cualquiera
puede ser otro.
Quién
dice qué
cuando
las paredes hablan?