MI NOVIO RUMANO (enero 2019)
Me gusta de mi novio rumano
que me pide permiso
para mirar a otros hombres
pero no para besarme en público.
Me gusta que puede leer
los poemas tempranos de Paul Celan
en su lengua original;
me gusta apoyar mi mano sobre su corazón
mientras me los recita.
Me gusta de mi novio rumano
prácticamente todo,
pero más que nada sus caderas,
la parte alta de sus piernas
y sus pies. Sus manos
también me gustan, cuando se quedan
quietas sobre mi pecho feliz.
Cuando dormimos, dormimos,
no se queda horas mirándome
ni le gusta que yo me lo quede mirando.
Me gusta de mi novio rumano
que sabe respetar mis silencios,
y que no me interrumpe al hablar.
Tiene una voz fuerte, pero delicada.
Me gusta que me diga que no tengo
que esperar de él más de lo que
yo esté dispuesto a darle.
Me asegura, además, que mejor
me podrá querer cuanto menos
le exija decirme que me quiere.
Cuando camino a su lado
sé que no va pensando en mí,
pero eso me hace sentir presente.
Me gusta mi novio rumano
por su manera irónica y cariñosa
de afirmar o negar las cosas,
con un sí o un no sin dobleces.
Me gusta que lo que calla
de algún modo también lo dice,
no se hace el misterioso.
Me gusta que está siempre pendiente
de mí sin estarme encima.
Me gusta tanto mi novio rumano.