Cruzamos miradas.
Sabe que lo deseo, por supuesto que lo sabe: el aire multiplica lo que esconde.
¿Por qué me hiciste esto? ¿Por qué nos hicimos esto? No hay que burlarse del amor, no hay que traicionarlo.Mi amor tiene de espinas su corona en la frente marcada.Una mínima muestra del horror: yo sólo puedo hablar de él.Mi desgracia, como ven, no es el entorno, más bien la magnitud, la desproporción diría yo, de este desastre, que es mío, sólo mío.
Entre las seis y las siete, que es cuando más gente nos mira, se asoma por mi garganta y grita. No es una voz, es una herida. Nadie le hace caso a una herida.Hay un único estar haciendo por fin las cosas bien, otro no habrá. ¡Un fuego que se queme en mí, una gota que me diga que hubo vida! ¡Mi cuerpo es la grieta que atestigua nuestra unión!